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El trabajo del deportista, del terreno de juego a las Redes

El trabajo del deportista, del terreno de juego a las Redes  Publicado en Diario AS.22/07/2020)

El valor del deporte – Gonzalo Jiménez

Las nuevas generaciones no conciben la realidad sin compartirla en virtual, para jóvenes que alcanzan la fama rápidamente esto acarrea numerosos peligros.

En 1962, Alfredo Di Stéfano escandalizaba a Santiago Bernabéu y a muchos aficionados al futbol al anunciar medias Berkshire, bajo el eslogan «el poseedor de las piernas más cotizadas del mundo». Pese a que no había en su contrato ninguna cláusula que le impidiera hacer anuncios, ya que en aquella época los futbolistas no estaban precisamente codiciados por las marcas, la Saeta Rubia acabo devolviendo las 175.000 pesetas del contrato. Posiblemente este fuera el primer escándalo de un futbolista a nivel publicitario.

 

El mejor ejemplo para evidenciar esta transición de deportista a icono comercial posiblemente sea Sir David Beckham, un futbolista que si bien nadie puede dudar de su gran talento, siempre le acompaño la sombra de ser un jugador para vender camisetas. Un futbolista que causo sensación junto a su pareja sentimental y han construido un imperio de más de 900 millones de euros. Un futbolista que cuando ficho por el Real Madrid, vio el salto que acabaría dando a Estados Unidos y eligió el dorsal 23 de Michael Jordan como guiño a este mercado. Un futbolista en definitiva que cambio el paradigma de jugador que solo piensa en el terreno de juego y va más allá.

Mucho ha llovido desde principios de los 60 y actualmente las grandes estrellas del deporte, son los principales referentes de todas las marcas, desde bancos, telefonía, moda, automoción y todo tipo de productos de consumo. La publicidad y sus derechos de imagen son piezas fundamentales en su carrera (mal que le pese a la agencia tributaria) y en muchas ocasiones llegan incluso a convertirse en su fuente principal de ingresos. No en vano en España los deportistas tributan bajo el epígrafe de artistas.

Cristiano Ronaldo factura cerca de un millón de euros por cada post que realiza, publicado por Marisa Mendes, hija del representante Jorge Mendes en redes sociales, lo que le genera a final de año una cantidad significativamente más elevada que su actual sueldo en la Juventus. El astro portugués, tiene solo en Instagram más de 230 millones de seguidores actualmente, lo que le convierte en la persona con más seguidores del mundo dispuestos a recibir con los brazos abiertos cualquier noticia que les transmita su ídolo. El Santo Grial de la publicidad, solo Leo Messi y Neymar se le acercan aún lejos de la cifra de 200 millones.

Sin duda esta nueva realidad resulta especialmente atractiva para los jóvenes deportistas que empiezan y han vivido con un móvil toda su vida, pero es importante ser también consciente de la cara negativa y los peligros de exponer su vida y opiniones en la red ya que pueden afectar gravemente a su carrera. Hace unos años Julio Rey vio truncado su fichaje por el Deportivo tras haber publicado años atrás un tweet injurioso y ofensivo contra la entidad. En esta misma situación se encontró Sergi Guardiola tras fichar por el Barcelona y comprobarse que años atrás había publicado en contra de Cataluña y en apoyo del Real Madrid.

Estos dos casos pueden resultar comprensibles, pero no hay que remontarse muy atrás para recordar como en 2013, el Atlético de Madrid no dudo en despedir a Sara Ezquerro, portero del Féminas B, por aparecer en sus redes celebrando la Champions del Real Madrid, un ejemplo en el que un contenido de su vida personal condiciona su trayectoria profesional.

En los últimos meses estos peligros se han multiplicado, y los deportistas ya no parecen solo responsables de sus propias comunicaciones, sino también de las de sus parejas como el jugador Mirko Antonucci, despedido de su club por aparecer en imágenes sugerentes con su novia y hace unas semanas el jugador de Los Angeles Galaxy, Aleksandar Katai que fue despedido por unos comentarios racistas de su mujer.

Los deportistas deben ser especialmente prudentes en sus publicaciones en redes sociales desde muy jóvenes e incluso con las de su entorno más cercano y la mejor forma de hacerlo en confiando en profesionales que en lugar de dejarse cegar por los posibles réditos económicos a corto plazo, sepan proteger sus intereses a largo plazo.